El viernes 17 de abril di una ponencia en Innova Bilbao, en el Museo Guggenheim. Se llamaba "Multiplícate con IA". Y todavía me cuesta escribirlo sin sonreír como una tonta.
Voy a contarlo entero, porque este blog va de transparencia y eso incluye también lo de los nervios, no solo lo bonito.
Cómo llegué hasta ahí
Esto empieza por una persona: Ana Santos, de @eventosfera, que lleva años al frente de Innova Bilbao. Con Ana nos conocemos del sector desde hace más de quince años, y fue ella quien confió en mí para subirme a ese escenario.
Para mí fue mucho más que una invitación a un evento. Fue como un "venga, Julieta, que esto va en serio". Ese empujón que necesitas justo cuando tú crees en lo tuyo pero te falta que alguien de fuera lo crea también, en voz alta y delante de gente. Gracias, Ana. De verdad.
Estaba nerviosa. No lo voy a disimular
Un poco por hablar en público, que tampoco te voy a engañar siempre impone algo. Pero no era solo eso — eso ya lo había hecho muchas veces, he dado clases, he estado delante de grupos.
Era el conjunto. Era el Guggenheim. Era la cantidad de gente. Y era, sobre todo, que llevaba años sin subirme a un escenario. Se me había quedado en una caja, en un "eso lo hacía antes". Así que esto no era estrenarme: era volver al ruedo después de mucho tiempo fuera. Y eso impone más, porque ya sabes lo que te juegas.
Llegué con el estómago cerrado. Y luego pasó lo de siempre: arrancas, te escuchas, la sala responde, y el cuerpo recuerda que esto te gusta.
Qué conté, en corto
No me voy a extender con el contenido — para eso ya estuvo la charla. Pero el hilo era este: la pregunta ya no es si usar la IA, sino saber qué pedirle, cómo pedírselo y qué decisiones tomar tú.
Hablé de clones y avatares, sí, pero insistiendo en que la herramienta es lo de menos. Cambian cada día. Lo que no cambia es el criterio, el contexto que le das y todo lo que sigue siendo tuyo: la creatividad, el humor, las decisiones. La IA multiplica lo que eres. No te sustituye.
Eso, en una sala llena, con mi avatar de IA presentándome al principio (que casi me deja en evidencia con el labial desincronizado los primeros segundos, pero esa es otra historia).
Lo que pasó después
Aquí es donde todavía floto un poco.
Cuando bajé del escenario vino muchísima gente a felicitarme. A decirme que les había encantado, que se llevaban ideas para aplicar al día siguiente, que no se esperaban que la IA diera para tanto. Después de los nervios de antes, fue una de las mejores sensaciones que recuerdo.
Y compartir cartel con el resto de ponentes fue un regalo aparte. Qué suerte coincidir con semejantes cracks. Justo antes de mí habló Olga Llopis sobre experiencia de marca, y los dos días estuvieron en las manos de Xosé Castro como maestro de ceremonias. También estuvieron Javier Sainz de los Terreros, que lleva las redes del Museo del Prado, José Emeterio y Susana García.
Pero lo del jueves fue especial por otro motivo. Tuve la suerte de cenar con varios de los ponentes — Mario Picazo, Lartaun de Azumendi, Koldo Saratxaga — y esas conversaciones de sobremesa, sin micro y sin escenario, son donde de verdad te llevas las cosas buenas de un congreso.
Y hubo reencuentro: volver a ver a colegas de la época, como Juanan Roncero. Y conocer a personas tan bonitas como Marina Hernández, que también fue ponente. Esas cosas que solo pasan cuando llevas años en el sector y de repente coincidís todos en el mismo sitio. Estar en esa lista, entre gente así, es de esas cosas que te recolocan el síndrome del impostor de un plumazo.
Y Bilbao
Mención aparte para la ciudad. Bilbao es maravillosa. La gente, la comida, el Guggenheim por dentro y por fuera, el ambiente del congreso entero. Me volví con la maleta llena de ideas y de ganas de que haya una próxima.
Si algo me llevo de todo esto es que volver al ruedo se cura de una sola manera: subiéndote igual, con los nervios puestos, y descubriendo que sí, que tienes cosas que contar y que hay gente que las quiere escuchar.
Gracias, Bilbao. Y gracias, Ana, por el empujón.